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19 de marzo de 2017

Móvil

Una foto en la pantalla
iluminada tras el cristal,
foto que arranca y estalla
una sonrisa de chacal.

Imagen fría de tu calor,
en plano tus curvas empujan
mi mano hacia el pantalón
a fin de iniciar la pugna.

Caricias solitarias admirando
los colores de tu piel.
Caricias ante la pantalla jadeando
con el amargor de la hiel.

Hiel de miel de desapego,
distancia y despecho.
Hiel de miel de desespero,
añoranza de tu pecho.

Cadencia acelerada, bombeo
en convulsiones estériles.
Caída en sacudidas de, creo,
amor en toqueteos inútiles.

Disparo blanco contra tela negra,
macilenta, desgastada, arrugada.
Disparo a solas con arma terca,
obsesa, instintiva, desgastada.

Descanso y jadeo en letanía,
alejado de calores de tu piel.
Fruto de obsesión de cada día
mezclada con sabor a hiel.

Hiel de miel de desapego,
distancia y despecho.
Hiel de miel de desespero,
añoranza de tu pecho.

9 de marzo de 2017

Te gusta recorrer con tus dedos cada junta de mi, temporalmente, desengrasado cuerpo, más lentamente en aquellos lugares que sabes que pueden desatar mis aullidos.
Te excitas hasta la saciedad por mi forma de jugar contigo, de provocarte, sin hacer nada especial y a la vez haciendo de todo.
Te miras y me miras como si no hubiese nada más en el mundo. Por no ver, no vemos ni la ropa que cubre, o mejor dicho cubría hasta hace unos instantes, nuestros cuerpos. 
Se eriza cada vello de nuestro cuerpo al tenernos y sentirnos tan cerca, la electricidad hace que salten chispas cada vez que intentamos entrelazarnos.
Cada beso que compartimos es como la perfecta melodía, algo dulce, picante y adictivo que me hace necesitar más a cada momento.
Lo que antaño fueron tormentas interiores se expande hacia el exterior, provocando el flujo y la pasión desmedida.
Nos conectamos tanto en todos los ámbitos que al unirnos somos como las dos últimas piezas de un puzzle, el de nuestra vida, el único al que nosotros somos capaces de construir y dar sentido y forma. 
Siento el latir sin frenos de tu corazón, haciendo compañía al mío, bombeando adrenalina a cada golpe de efecto que nos transmitimos sonora y rítmicamente.
Nada puede pararnos, estamos desatados, literalmente tras una de nuestras pruebas de fuego y hielo reflejada en las muñecas de ambos, y tampoco deseamos que esto cese, porque pocas veces puedes ver las estrellas sin tener el nocturno cielo sobre tu cabeza.
Nos encogemos como tortugas sin caparazón, frente a frente, tomando como único hogar y refugio al otro, deseándonos casi con ansia pese a que ya nos tenemos.
Contemplamos el reflejo del otro en las pequeñas y dispersas gotas de sudor que recubren nuestros cálidos cuerpos, muestra de que el trabajo ha sido bien realizado.
Tu respiración se adapta a la forma de mi cuerpo, apoyado suavemente sobre tu torso, mientras dulcemente acaricias mi espalda recordando todas y cada una de mis vértebras que hasta hace nada eras capaz de sentir como tuyas.
Suspiramos simultáneamente sabiendo que en unos segundos tomaremos caminos separados, pero llevando una parte del otro en el interior, como si de otro órgano vital se tratase.