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25 de junio de 2017

Voyeur

Entre dos mujeres, excitado,
observa. Testigo de ojos brillantes
que afirma y ve, ignorado,
la lengua. Cuerpos fascinantes.

Dos musas inconexas, que miran
de reojo mientras él babea.
Poderosas sin fin, que guiñan
entre ellas mientras él jadea.

Besos de labios maquillados, 
caricias de uñas afiladas.
Tirones de cabellos bien peinados,
nalgas prietas, medias desgarradas.

Se acaricia ajeno, ellas sabedoras
de que hará lo que deseen.
Se estremece y las adora,
deseoso de servir bien.

Simple espectador, la fiesta no va con él.
Ellas, orgullosas, se acarician con desdén.

Él explota, y ellas ríen entre besos carmesí.
Jadea observando de las musas el frenesí.

Fantasía inexplicable, deseo irrefrenable
ofrecido en vano, por petición en balde.

18 de junio de 2017

Cada vez que tus manos revolotean por mi cuerpo, crece el fuego interior y sólo quiero juntarte contra mí más y más. Que te consumas en mis llamas, eso quiero; que suba tanto la temperatura que ni siquiera tú puedas soportarlo.
Si me dejas, puedo bailar en tus manos al ritmo suave y sensual de la música, coordinando el vaivén de caderas. Si me dejas, puedo bailarte lenta e intensa sobre las piernas, como una cascada de agua siguiendo el curso natural.
¿Por qué separar dos imanes que se atraen irresistibles cuando es más fácil dejar que se fusionen en un mismo elemento?
Puede ser que me haya enganchado a pasarte la lengua por la piel y saborear cada trocito de ti, a morderte más de la cuenta con ansias y volverme libre y salvaje, a aferrarme a ti como si fueses la llave del único cielo que se me permite tocar. Quizá haya desatado todo un volcán de emociones y sensaciones sólo con mirarte a los ojos entre luces y sombras y, aunque sea para mí irremisible, tan sólo quiera explotar y dejarme llevar de forma gravitatoria.
Y digo mucho "joder", y más cuando no me queda otra opción que rendirme ante ti, aunque sea yo quien se haya entregado. Y digo muchas otras cosas también que suenan bastas, o que suenan a medias, entrecortadas, escupidas con rabia, pero no sé hacerlo de otra forma. No sé ponerme mucho en modo romántico y transmitirte un sinfín de cosas que lograrían sacarte una sonrisa. Soy más de ponerme a secas, y lo que surja, y ya vamos viendo, y como cuadre, donde sea, cuando quieras. Correrme contigo es una de las cosas más bonitas que puedo hacer, y aunque sea a destiempo, sonríes también. Y, joder, lo que me encanta conseguirlo no lo sabes bien aún.
Que esto no es una declaración de principios ni mucho menos porque, si no te gustasen, me inventaría otros con la excusa de que ni siquiera a mí me convencen. Esto es más como una declaración de hechos observables y probables, un relicario de cenizas después de arder contra tu pecho, un gemido más largo con los ojos cerrados, un mar que se desborda y rompe en tus costados, un suspiro lanzado al aire entre excesos de frenesí, un enredo de lenguas que no quieren soltarse. Es, más que nada, como decirte en una especie de cóctel molotov "te quiero" y "fóllame".

23 de marzo de 2017

Me he codeado con poetas y músicos, gente de alta alcurnia y príncipes de los bajos fondos. Y también me los he follado. No te digo dónde para que sigas caminando con tranquilidad.
He pasado mi lengua por sus cuerpos y he sentido cómo se estremecían de placer.
He dejado que llevasen sus manos a mi cuello y pensasen por un instante que les pertenecía.
He quitado ropa en medio de la calle a plena luz del día y he bailado desnuda un rock n' roll.
He viajado a otros planetas por las autopistas de la libertad y he arañado pieles hasta dibujar surcos de vinilo.
He malbesado bocas llenas de afecto e insuflado retales del infierno en pulmones indiferentes.
Pero tú vienes a decirme que nada de eso importa, que el amor es una mentira y que quien piense lo contrario, miente.
Y aún pudiendo ser tú quien lo hace, me es más sencillo creerte a ti que al resto de personas que me la sudan por completo.
Quizá por ello abra frentes y fronteras con total seguridad, quizá por ello todas las noches que puedo me arrastre medio muerta hasta tu cama, quizá por ello porte una cuerda sobre las clavículas y sonría a medio camino con deje inquisitivo.
Si fuese verdad tu mentira -o mentira su verdad-, dejaría de retorcerme como humo que se disuelve escarlata entre acordes de guitarra y fácilmente me dejaría seducir por tu voz recién levantada, dejando que esta me provocase pálpitos entre las piernas. Si el amor fuese irreal, a la mierda el mundo y que le jodan; yo me quedaría contigo en la cama para enredarnos hasta que no supieses diferenciar tus manos de las mías, para cabalgar contigo hasta el próximo amanecer en la cresta de una ola que muere y renace en la misma orilla, para gemir tu nombre despacito y que chupases toda mi esencia y energía.
Si el amor no fuese amor, no sabría escribir antes de las cinco de la tarde y después de las 3 de la mañana, y mucho menos sabría escribir estas líneas desgastadas que se disuelven en el tiempo.

19 de marzo de 2017

Móvil

Una foto en la pantalla
iluminada tras el cristal,
foto que arranca y estalla
una sonrisa de chacal.

Imagen fría de tu calor,
en plano tus curvas empujan
mi mano hacia el pantalón
a fin de iniciar la pugna.

Caricias solitarias admirando
los colores de tu piel.
Caricias ante la pantalla jadeando
con el amargor de la hiel.

Hiel de miel de desapego,
distancia y despecho.
Hiel de miel de desespero,
añoranza de tu pecho.

Cadencia acelerada, bombeo
en convulsiones estériles.
Caída en sacudidas de, creo,
amor en toqueteos inútiles.

Disparo blanco contra tela negra,
macilenta, desgastada, arrugada.
Disparo a solas con arma terca,
obsesa, instintiva, desgastada.

Descanso y jadeo en letanía,
alejado de calores de tu piel.
Fruto de obsesión de cada día
mezclada con sabor a hiel.

Hiel de miel de desapego,
distancia y despecho.
Hiel de miel de desespero,
añoranza de tu pecho.

9 de marzo de 2017

Te gusta recorrer con tus dedos cada junta de mi, temporalmente, desengrasado cuerpo, más lentamente en aquellos lugares que sabes que pueden desatar mis aullidos.
Te excitas hasta la saciedad por mi forma de jugar contigo, de provocarte, sin hacer nada especial y a la vez haciendo de todo.
Te miras y me miras como si no hubiese nada más en el mundo. Por no ver, no vemos ni la ropa que cubre, o mejor dicho cubría hasta hace unos instantes, nuestros cuerpos. 
Se eriza cada vello de nuestro cuerpo al tenernos y sentirnos tan cerca, la electricidad hace que salten chispas cada vez que intentamos entrelazarnos.
Cada beso que compartimos es como la perfecta melodía, algo dulce, picante y adictivo que me hace necesitar más a cada momento.
Lo que antaño fueron tormentas interiores se expande hacia el exterior, provocando el flujo y la pasión desmedida.
Nos conectamos tanto en todos los ámbitos que al unirnos somos como las dos últimas piezas de un puzzle, el de nuestra vida, el único al que nosotros somos capaces de construir y dar sentido y forma. 
Siento el latir sin frenos de tu corazón, haciendo compañía al mío, bombeando adrenalina a cada golpe de efecto que nos transmitimos sonora y rítmicamente.
Nada puede pararnos, estamos desatados, literalmente tras una de nuestras pruebas de fuego y hielo reflejada en las muñecas de ambos, y tampoco deseamos que esto cese, porque pocas veces puedes ver las estrellas sin tener el nocturno cielo sobre tu cabeza.
Nos encogemos como tortugas sin caparazón, frente a frente, tomando como único hogar y refugio al otro, deseándonos casi con ansia pese a que ya nos tenemos.
Contemplamos el reflejo del otro en las pequeñas y dispersas gotas de sudor que recubren nuestros cálidos cuerpos, muestra de que el trabajo ha sido bien realizado.
Tu respiración se adapta a la forma de mi cuerpo, apoyado suavemente sobre tu torso, mientras dulcemente acaricias mi espalda recordando todas y cada una de mis vértebras que hasta hace nada eras capaz de sentir como tuyas.
Suspiramos simultáneamente sabiendo que en unos segundos tomaremos caminos separados, pero llevando una parte del otro en el interior, como si de otro órgano vital se tratase.

20 de febrero de 2017

Despierto entre sudor frío. La noche ha sido movidita mientras dormía, al parecer. Miro el móvil y me entran mil notificaciones que me importan más bien poco. Me interesa más la llamada perdida que tengo de ti.
Me armo de valor y al tercer pitido descuelgas.
-Te echaba de menos- dices justificándote. -Hace ya un par de días que no nos vemos- confirmo yo. -Deberíamos ponerle remedio- propones entre risas. -¿Nos vemos en un rato?- pregunto retóricamente. -Venga, vamos hablando- sentencias.
Y cortamos la llamada; me quedo con ganas de preguntarte algo más de tu vida, del fin de semana, de cómo has amanecido hoy y si quieres despertarte conmigo mañana.
Suspiro por mi silencio interpuesto por convenio y me revuelvo entre las sábanas. Si no hay nadie para compartirlas, las siento frías y cortantes.
Me pesa la cabeza de dormir poco, mal y con resaca que se resiste a terminar. Si me hubiese despertado con alguien al lado, me sentiría menos despojo, pero no siempre se tiene lo que se quiere.
Arrastro mi cuerpo fuera de la cama y voy hacia la ducha, con pies de pluma y plomo, a paso lento y decidido. Retiro la poca ropa que cubre mi cuerpo y me deshago de las cuerdas alrededor de mis muñecas. Libre de toda carga, me interno bajo el chorro de agua caliente y dejo que destense mis músculos desde la cerviz hasta la planta, apoyando las palmas de las manos en la pared y dejando caer la cabeza hacia el vacío.
En mi hábito de reflexión, me vienen fogonazos de recuerdos donde tú, en ese íntimo espacio, tienes el protagonismo y yo quedo eclipsada por tu presencia.
Cómo no recordar el agua deslizándose por tu níveo cuello hasta el suelo, pasando por encima de tu pecho que se extiende ante mis ojos como un mapa del abismo. Cómo olvidar tus manos deslizándose por mi cuerpo con ternura y agilidad, echando el freno en la espalda y sacando las uñas para hacer que me temblasen las piernas. Cómo contenerme a repetir tus mismos movimientos imaginando que mis dedos son los tuyos y el vapor no es otra cosa que tu aliento sobre mi piel, que sonríes sin quererlo y tu voz enmudece ante el ruido fluctuante.
Pedirme que detenga mis ansias por comerte es una tortura cuando, cada vez menos, conozco poco más que no sean tus costillas. Estoy segura de que mis mejillas arden, no por lo cálido de las aguas, sino por el oscuro deseo de tocarte hasta que se duerman las manos. Ya puedo sentir cómo mis pupilas se expanden y el impulso de hacerme agua recorre la electricidad de mi cuerpo. Es tan fácil dejarme llevar...
Coloco las manos encima de la cabeza y me retiro el pelo totalmente hacia detrás para que caiga como una cascada por mi espalda, como si tú pudieses ver el juego de seducción. Lo acaricio con delicadeza y deslizo las manos hasta el cuello, pasando un pulgar por encima de la tráquea, contando cada anillo hasta la unión de las clavículas. Con la misma mano, me muevo despacio hasta el hombro contrario a la par que la otra mano asciende hasta mi boca y acaricio con las yemas los labios, rematando el movimiento con un mordisco al índice mientras sonrío pícara y entrecierro los ojos. El agua baila sobre mi cuerpo y flexiono los dedos de los pies, extasiada por el poder de la mente.
Vuelvo a colocarme el pelo a dos manos y estas descienden por el cuello, con parsimonia por el centro del pecho y separándose sobre las costillas hacia los costados, deleitándome sobre las curvas de la cintura, y volviendo a juntarse a la altura de las caderas, bajando por la cara proximal de las piernas y enganchándose a mitad de los aductores para volver a subir rápido hasta el cuello.
Cierro los ojos y dejo caer la cabeza, sintiendo que 36 grados es saturación de calor en los vértices corporales. La intención de relajarme se está viniendo abajo por mis ganas de unirme contigo en un mismo elemento.
Mis manos vuelan hacia abajo de nuevo, buscando esta vez la junta de los muslos que se abren por inercia. Haciendo presión, muevo las caderas en un vaivén circular y gimo comedida. El corazón diestro se mueve rítmicamente a las órdenes del cerebro, las pupilas se desorbitan ante un espectro de naturaleza ausente. Con impaciencia, el sentido del tacto se activa sensible ante la humedad de las paredes y la toca haciendo y deshaciendo la misma trayectoria.
Una mano en la pared, una rodilla alzada, unos ojos entrecerrados y una boca entreabierta. Un todo y un nada que se coordinan para converger en un espacio reducido donde la libertad no tiene fronteras.
La posibilidad de ser, con el humo saliendo a bocanadas entre el agua crepitante, me reduce al falso presente que me envuelve y hechiza y actúo cual autómata generando pinceladas de puro placer sensorial. El tiempo se distorsiona y salta hacia delante y hacia atrás, jugando como gelatina invisible que se rompe contra la piel y la transforma hasta correr a más no poder para estrellarse contra un muro que se hace jirones.
Un seísmo sacude mi cuerpo y el agua que se cuela por el desagüe crece en cantidad a la par que el ruido rompe el silencio magistral que se encontraba escondido, las manos se alzan al frente en busca de equilibrio y, como los labios, el roce del frío azulejo entre suspiros opacos.
La cabeza vuelve al estado inerte inicial de suspensión al vacío y un destello azulado se refleja en las pupilas que enpequeñecen poco a poco, como el cuerpo: cada vez menos, más lejos, dirigidas a cualquier otra parte hasta que despiertan del stand by y miran un reflejo difuso, azulado y antropomorfo.
Entonces algo las sonríe, quizá unos dientes tallados en perla o unas agujas hechas de marfil, y se rinden ante la hermosa plenitud de esos breves instantes, decidiendo ocultarse unos segundos tras unos párpados y pestañas que transparentan la vida fluyendo acuática.
Ya queda menos.

29 de enero de 2017

Control

Delicada figura en tacones y medias,
cubiertos sus glúteos apenas, un poco
en falda plisada.

Delicada perra con bulto entre las piernas,
cubierto apenas su pecho con encaje rojo.
Perrita delicada.

Obediente y temblorosa se arrodilla,
feliz e intoxicada, tirada por correa
y mira al suelo, abierta la rendija
ardiente como buena tea.

Sonríe y jadea, por orden de María,
olvidado ya su nombre y entregada
al placer que jamás se enfría.
Esperando su bautizo como esclava.

"Buena perra", dicen labios rojos
cubriendo apenas una sonrisa perfecta
como perfecta es la mujer en sus ojos.
Él, ahora ella, interfecta.

Gimotea y se somete, sin lugar a dudas,
y deja en el suelo última gota
antes de ser enjaulada, sumisa pura
emasculada de virilidad rota.

"Ahora eres Sarna", dice la Diosa,
y la perrita asiente feliz, sabedora
aún en su ignorancia de apenas cosa,
que ya no es, ni será otra
que la perra esclava temblorosa.

18 de enero de 2017

FROZEN NIGHT

Pura adrenalina, la luna brillando en una noche de perros. Es la noche, se alinearon los astros, es la ocasión.
Saludo tímido, el tiempo vuela, la ropa también, demasiado tiempo imaginándome este momento.
Me ganas la partida, tú mandas, me haces perder el control, sabes que lo tienes y te gusta, te encanta. Sucumbo al sentir el contacto de tu lengua por mi sensible cuerpo, la pantera dominando al lobo alfa, me encanta perder, basta.
Empuñando tu melena, sintiendo cada segundo y, lo mejor, sabiendo muy bien que del dolor al placer hay un paso.
La habitación nos envuelve, arrasando todo lo que se nos interpone en nuestro camino, destrozándonos la piel.
El sudor emana de nuestros cuerpos bailando una danza infernal, sin fin.
Una calada más acechando el siguiente asalto. Sonrisas cómplices mientras nos lamemos las heridas.
10:00 am.
-Black Soul-

*Los derechos de autor corresponden a BlackSoul. BlueMidnight es mero intermediario.*
Me desperté soñando en tus bragas.
Qué forma de echarte de menos...
Ojalá estuvieses aquí para poder pasarte la lengua por los muslos mientras pones esa carita tuya de ángel y excitas mi cuerpo.
Y comerte la boca un rato largo, besarte el cuello y descender por tu pecho hasta tu ombligo, poner mis manos en tus caderas y separarte las piernas con las mías.
Decirte que estás más guapa que nunca cuando me reclamas dentro de ti y demostrarte cuánto me encanta que te corras conmigo.
Gemir tu nombre entre jadeos, arañarte la espalda y cabalgar contigo hasta el amanecer.
Pensarnos polvo de estrellas y reducir todo al polvo de antes de dormir.
Besarte con ganas las clavículas y morderte la piel que cubre tus hombros desnudos, soplarte la nuca mientras enredo mis manos en tu pelo y me das la espalda para que te acaricie un rato el costado.
Entrelazar los brazos y acostarme a tu sombra, esperando a que aproximes tu boca a mis dedos y los chupes como caramelo, pidiéndome otro asalto antes de que salgas por la puerta de nuevo.
Reírme cómplice de tu apetito y degustar los segundos en que te subes encima de mí para moverte suave y experta.
Mirarte intensamente y provocar que entrecierres los ojos de placer mientras atrapas tus labios con los dientes.
Me desperté soñando con mi lengua entre tus piernas.
Qué forma de quererte aunque duela.

9 de enero de 2017

Manos frías, corazón caliente. ¿O era al revés?
Qué más da ya, si tus manos erizan cada parte de mi ser y tus latidos marcan el compás de esta -nuestra- efímera existencia como una sola cosa.
El baile sin fin, al menos de momento, comienza en la pista horizontal, un territorio más que conocido para ambos.
Las sábanas acaban por los suelos, haciendo compañía a la ropa desplazada por el frenesí, y dejándonos con la mejor vestimenta del mundo, la piel.
Tus dedos, pese a que conocen de sobra todos y cada uno de mis caminos, se toman su tiempo, jugando, sintiendo, siendo pacientes mientras hacen que todo tu interior, y el mío también, se retuerzan de ganas en busca de más acción, pues hemos venido a jugar y nada va a detenernos ya.
Mis labios se adhieren a los tuyos saboreando la mejor y más dulce de las mieles, tu aroma, tu aliento, tú.
Carreras a contrarreloj por tomar el mando se suceden mientras los muelles chirrían acompañando cual melodía natural al toma y daca de nuestros cuerpos.
El éxtasis lo cubre todo, y tu sonrisa jadeante acompaña a la mía, dejando entrever tu satisfacción por el trabajo bien realizado.
Ninguno de los dos fuma, por lo que el cigarrillo de después se transforma en una escueta charla que termina de demostrar que nuestra forma de comunicarnos es piel con piel y no con palabras.
El cansancio nos vence y cada uno se gira a su lado, las -antaño pasionales- cenizas ya no son más que polvo de ese que barres bajo la alfombra de la incierta indiferencia.

6 de enero de 2017

Transformación

Cuchilla afilada transforma sus piernas
de troncos recios y peludos a delicadas
y finas líneas blanquecinas, eternas
carreteras perfectas, enfundadas.

Enfundadas en medias al tacto suaves,
oscuras con encaje, a muslo abrazadas
y rozando al paso de sus andares,
entre pedicura y cadera acariciada.

Blusa y minifalda cubriendo torso y caderas
suaves como la seda, rozan piel desnuda
y estremecen al perro, estremeciendo entera
su mente, débil y vacía, pura (o puta).

Pies en tacones con candado, preparados
para el andar torpe del perro novato.
Tacones brillantes, finos, decorados
para los pies de aquel bienamado.

Y excitación ante la sonrisa de María,
de rodillas a sus pies con la mirada gacha.
Con sus propios tacones acaricia, impía,
el bulto entre las piernas de perra domada.

"Estás preciosa", susurran sus labios
y gimotea sumisa la perra amaestrada.
Y oscura mancha líquida en uno y varios
encajes que cubren herramienta inutilizada.