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23 de marzo de 2017

Me he codeado con poetas y músicos, gente de alta alcurnia y príncipes de los bajos fondos. Y también me los he follado. No te digo dónde para que sigas caminando con tranquilidad.
He pasado mi lengua por sus cuerpos y he sentido cómo se estremecían de placer.
He dejado que llevasen sus manos a mi cuello y pensasen por un instante que les pertenecía.
He quitado ropa en medio de la calle a plena luz del día y he bailado desnuda un rock n' roll.
He viajado a otros planetas por las autopistas de la libertad y he arañado pieles hasta dibujar surcos de vinilo.
He malbesado bocas llenas de afecto e insuflado retales del infierno en pulmones indiferentes.
Pero tú vienes a decirme que nada de eso importa, que el amor es una mentira y que quien piense lo contrario, miente.
Y aún pudiendo ser tú quien lo hace, me es más sencillo creerte a ti que al resto de personas que me la sudan por completo.
Quizá por ello abra frentes y fronteras con total seguridad, quizá por ello todas las noches que puedo me arrastre medio muerta hasta tu cama, quizá por ello porte una cuerda sobre las clavículas y sonría a medio camino con deje inquisitivo.
Si fuese verdad tu mentira -o mentira su verdad-, dejaría de retorcerme como humo que se disuelve escarlata entre acordes de guitarra y fácilmente me dejaría seducir por tu voz recién levantada, dejando que esta me provocase pálpitos entre las piernas. Si el amor fuese irreal, a la mierda el mundo y que le jodan; yo me quedaría contigo en la cama para enredarnos hasta que no supieses diferenciar tus manos de las mías, para cabalgar contigo hasta el próximo amanecer en la cresta de una ola que muere y renace en la misma orilla, para gemir tu nombre despacito y que chupases toda mi esencia y energía.
Si el amor no fuese amor, no sabría escribir antes de las cinco de la tarde y después de las 3 de la mañana, y mucho menos sabría escribir estas líneas desgastadas que se disuelven en el tiempo.